juguetes que marcaron mi infancia

JUGUETES QUE MARCARON MI INFANCIA y despertaron mi espítitu creativo

Hay juguetes de nuestra infancia que siempre recordaremos. Con ellos echábamos a volar nuestra imaginación y pasábamos las horas y las horas ensimismadas. Formaban parte de un mundo único que nosotras teníamos la posibilidad de crear y deshacer a nuestro antojo.

Algo tan simple como un trozo de plastilina podía acabar con vida propia. No necesitábamos más.

Entonces no entendíamos lo que era el valor material. Poco importaba lo mucho o poco que costasen nuestros juquetes: medíamos su valor en su capacidad para hacernos soñar.

Si hay algo que me hace gracia de los niños pequeños es precisamente eso. Son capaces de acabar distrayéndose con cualquier cosa. Pueden terminar jugando con la caja de cartón que contenía una fantástica muñeca si el envoltorio les llamó más la atención.

Y lo mejor es que ni siquiera se preocupan de disimular. Sus caras lo dicen todo. Me encanta.

Cuando escribía sobre las marionetas de Gero me transporté de nuevo a esa época. Durante unos instantes me vi a mi misma de pequeña. Vi mis juguetes. Recordé algunos de los que más me habían hecho disfrutar y con los que tantas veces había perdido la noción del tiempo y fui consciente de una cosa: la mayoría me había permitido no sólo soñar, sino crear con mis manos una realidad.

Puede que esos juguetes calasen hondo en mí. Quizá, son la razón por la que crecí pensando que tenía la posibilidad de materializar mis ideas. Puede que, gracias ellos, a día de hoy siga soñando y creyendo que tengo la capacidad de convertir lo que me proponga en una realidad. O quizá, sólo nací soñadora y cabezona.

Hoy quiero que conozcas cuáles son los juguetes que con más cariño y más fuerza recuerdo.

Y me gustaría que la cosa no quedase sólo ahí y te animases a participar también.

Puede que esos juguetes que un día te permitieron desarrollar tu potencial creativo, plantasen la semilla que te han convertido hoy en una profesional de la artesanía.

¿Cuáles son esos juguetes que te animaron a explorar, experimentar y crear?

Una anécdota  de la noche de Reyes

Casi todos los juguetes que fueron protagonistas de mi infancia los recibí la noche de Reyes.

Pensando en ello me vino a la cabeza algo que sucedió de pequeña aquella noche mágica y me apetece compartir.

El caso es que no suelo hablar de temas muy personales en la mayoría de los posts, pero ya que me pongo y me ha salido así al escribir el borrador, pues voy a dejarme llevar 😉 Además, te puede servir de idea para que le des una sorpresa que nunca olvidará a tus niños. Eso me haría muchísima ilusión. Y estoy convencida de que a ellos todavía más.

Una noche de Reyes como tantas otras (al menos en un principio iba a ser así), me acosté prontito porque llegaban los Reyes: si me cogían despierta no me iban a dejar juguetes. Tendría yo unos 7 años.

De repente, alguien me tocó el hombro y me llamó. ¿Cómo?¿Qué? Esto no puede ser. ¡Debo de estar soñando!. Un hombre con corona, túnica, capa, pelo y barba blancos estaba delante de mis narices. ¡Era Melchor!

No sabía qué hacer. Estaba en mi habitación intentando procesar la información. Mi madre y mi padre estaban al lado del rey: la opción de que fueran ellos descartada.

Noche de Reyes

Entonces Melchor cogió un saco y me empezó a entregar los juguetes en mano, casi susurrándome al oído me hablaba de ellos (aunque no sé hasta qué punto yo lo escuchaba, estaba en shock y sólo recuerdo las imágenes y algunas impresiones, jeje).

Después me dijo que iba a poder disfrutar de una casa en la playa , se despidió y me pidió que me quedara en la cama.

No sé cuántas horas me costó quedarme dormida de nuevo. Tampoco cuántas veces me levanté y mi madre me mandó de vuelta a la habitación. Me decía que el rey no se había ido aún, que estaba reponiendo fuerzas y descansando y que me acostase.

Ya en la cama, mi cabecita seguía dándole vueltas a lo que acababa de pasar intentando encontrar una explicación lógica. Todo lo lógica que una niña de 7 años puede ser la noche de reyes, claro.

Que el rey llevase gafas de sol me pareció sospechoso, sobre todo de noche, pero no le dí mayor importancia.

Tampoco podía ser un rey auténtico, porque la barba no lo era, eso sí lo había pillado.

Además, los reyes magos de verdad tienen mucho trabajo y no iban a poder pasar por todas las casas entregando los juguetes en mano, algo tenían que hacer los pajes. Sí, tenía que ser un paje. ¡Eso era! Un paje vestido de rey Melchor había querido darme una sorpresa.

Y con esa explicación viví muchos años hasta que con el tiempo, viendo una de las fotos de aquella noche, entre los pelos, la barba y las gafas descubrí quién se escondía detrás.

Con razón el día de Reyes es un de mis días favoritos del año, aún hoy 🙂

Los juguetes que marcaron mi infancia

Después de volver de Alemania sentía que tenía que deshacerme de muchas cosas que no necesitaba. Soy consciente de que muchas de esas cosas eran creencias que había ido adoptando a lo largo del tiempo que ya no me servían. Sin embargo, todos esos cambios que en mi interior estaba experimentando se tenía que reflejar fuera de alguna forma. Y realmente pensaba que necesitaba hacer una limpieza profunda en casa para quitarme un gran peso de encima.

Por eso, antes de empezar a preparar mi viaje, abrí todos mis armarios, cajas y cajones de mi cuarto con la intención deshacerme de muchos trastos. Hice lo que viene siendo un expurgo.

Aparecieron en cajas algunos juguetes que hasta el momento no había querido regalar. Significaron mucho para mí de pequeña y verlos me permitía seguir recordando las emociones que había sentido con ellos. Por eso me había costado tanto dejarlos ir y aún no lo había hecho.

Llegaba a imaginar que cuando tuviera nietos, ellos podrían jugar con esos juguetes que un día me hicieron feliz. (Ahora que pienso esto es curioso: soy capaz de imaginarme con nietos pero no con hijos, ¿será que me hace más ilusión ser abuela? A ver cómo resuelvo yo eso…).

Algunos de esos juguetes finalmente los di, porque hay quien seguro podrá disfrutarlos más que yo. Otros, los que menos sitio ocupan, siguen ocupando un huequito en mi habitación.

Hoy quiero que conozcas esos juguetes que marcaron mi infancia y me permitieron expresarme, echar a volar mi imaginación y tantos buenos momentos me hicieron pasar.

Plastilina

Mira que la plastilina es simple, pero tiene el increíble poder de ayudarnos a materializar nuestras ideas.

plastilina

Cuando era una niña me encantaba hacer figuritas de plastilina. Es más, es uno de los primeros recuerdos que tengo. Me recuerdo haciendo las figuritas para el portal de Belén de la escuela, sobre todo ovejitas. ¡Me encantaba hacer ovejitas!

Luego mis padres me apuntaron a cerámica como actividad extraescolar en el colegio. Tendría yo 6 años.

La profesora nos hizo forrar una caja de zapatos para guardar nuestras herramientas. Aún la conservo. Me hizo muchísima ilusión descubrirla en una cajón debajo de la cama al hacer ese expurgo. Dentro encontré algunas herramientas para modelar de plástico, un peine y algunos pinceles.

Es increíble, porque precisamente la memoria no es mi fuerte, pero recuerdo las clases. Me acuerdo de que hacía placas con unos palos de madera rectangulares, que hacíamos la base de ceniceros y otras cosillas usando las tapas de botes de distintos tamaños, como los de Cola Cao. Recuerdo que pegábamos las piezas usando una mezcla de arcilla con mucha agua. Y la ilusión al sacar las piezas del horno, que nunca sabía cómo iban a quedar porque los colores cambiaban.

Me sorprende recordar todo eso pero no me extraña. Ahora entiendo por qué, por eso me animé a escribir este artículo cuando lo descubrí. Allí no tenía que aprender nada de otra forma que no fuese experimentando.

Este es un cenicero que hice en algún curso y aún conservo (desde aquí doy las gracias a mis padres por no haberse deshecho de él, porque motivos no le faltaron, jaja).

Cenicero cerámica

Y este un regalo de mi profe que guardo con mucho cariño. Es el que me ha permitido averiguar que hice el curso con 5-6 años.

Letra B cerámica

La lástima es que dejaron de ofrecer ese curso como actividad extraescolar después. Y yo nunca he vuelto a dar clases de cerámica. No había vuelto a tocar la arcilla desde entonces hasta que pisé el taller de Emiliano. La verdad es que no descarto volver a hacerlo 😉

Diseña la moda

Es curioso lo que me pasaba con el Diseña la moda. Creaba diseños con la ruleta y los coloreaba, pero no me animaba después a crear esos modelos, sino otros que yo me inventaba. Esa ruleta me hizo soñar con convertirme en diseñadora, jaja. No sé cuánto me duró, pero sí que tuve esa idea durante un tiempo.

diseña la moda

Dibujaba vestidos que me planteaba hacer a las muñecas y luego me ponía manos a la obra. Pedía a mi madre trozos de tela, los cortaba y luego los cosía como podía.

Muchas veces no sabía cómo meterle esos vestidos a las muñecas cuando no les entraba por la cabeza. Lo solucionaba rápido sacándole la cabeza a la muñeca, poniéndole el vestido y volviendo a colocarle la cabeza.

Ya de más mayor nos pasó algo así a unos amigos que estábamos preparando un disfraz de carnaval. Nos hicimos una túnica rosa para disfrazarnos de chicle pisado, (sí, has leído bien :P) y cuando nos la probamos no había manera de que nos entrara por la cabeza: el agujero que habíamos dejado era muy pequeño (o nosotros muy cabezones, jeje, pero me quedo con la primera opción). Como sacarnos la cabeza no iba a funcionar en este caso, terminamos llevando todas las túnicas a mi madre para que las arreglara.

Libros de manualidades

Ya sé que los libros no son juguetes, pero yo me lo pasaba bomba leyendo. Desde que aprendí a leer hasta que entré en el instituto se podrían contar las noches en las que no me acosté con un libro antes de irme a dormir.

Muchos de los libros que me regalaban me permitían hacer algo más que imaginar personajes y situaciones de todo tipo, me daban las herramientas que necesitaba para transformar mis ideas en algo que pudiera tocar. Estoy hablando de los libros de manualidades que tanto me gustaban. El fantástico libro para los días de lluvia, tristemente descatalogado, era uno de mis preferidos. También tenía El fantástico libro para las vacaciones, El fantástico libro de los juegos, El fantástico libro para pintar y jugar, etc. Creo que me hice con la colección entera.

Al abrir uno de ellos haciendo el expurgo me pasó algo inesperado. Apareció esto:

photoshop casero

Encontré unas postales que un día me había dado por dibujar y unas plantillas con distintos cortes y peinados para ponerle una foto por detrás (lo que hoy en día te permite hacer Photoshop, vaya).

Además, descubrí los apuntes que había tomado para hacer esas y otras manualidades viendo Art Attack. Sí, me encantaba el programa Art Attack y cogía apuntes cuando lo veía para que no se me olvidaran las cosas. Piensa que por aquel entonces no había internet.

Apuntes Art Attack

Juguetes construcción

Desde una caja naranja con piezas gigantes de construcción cuando tenía 3 ó 4 años, pasando por algunas cajas de Lego y luego de Knex, eso de montar y desmontar me llamaba bastante.

noria knex

Otras veces no utilizaba esos juguetes para construir, sino que pillaba lo que tuviera a mano. Un trapo y un trozo de cartón podían convertirse en una casa que diera cobijo a mis muñecas.

Es algo curioso, porque en general no jugaba con muñecas inventando historias en las que ellas eran las protagonistas, sino que las usaba como modelos para los diseños o como excusa para construirles casas. En algún sitio tenían que vivir 😛

Juguetes de la serie nova

No podía acabar este post sin mencionar algunos de los juguetes de la serie nova, de Mediterráneo.

Tuve un Tejenova, que no sé por qué nunca me terminó de convencer, y un Alfanova, con su torno y todo, que me encantaba.

alfanovaSin embargo, creo que se pueden contar con una mano las veces que el Alfanova lo usé. Por temor a que manchara algo en casa apenas me dejaban sacarlo, no sabía dónde ponerme. En una caja se ha llevado años y años hasta que en el expurgo decidí donarlo para que alguien le sacara más provecho.

Mi hermano tuvo también un par de juguetes de esta serie que yo usaba igual, jeje. Uno para hacer cosillas de madera, Moldenova, y otro para ver las distintas partes del cuerpo humano, pintar los órganos y montarlos.

Ahora, el que nunca me llegaron a regalar y me hacía ilusión tener era el Choconova. Me pregunto por qué…

Al pensar en estos juegos me entró la curiosidad por saber si seguían existiendo. Parece que los modernizaron para sacar una nueva versión hace unos pocos años, pero volvieron a desaparecer. ¡Qué pena!

Lo que sí me ha levantado el ánimo es ver que han sacado unos juegos Art Attack en la misma línea, como este taller de alfarería:

taller alfareria clementoni

Parece que después de todo los niños del futuro van a poder seguir disfrutando de este tipo de juguetes creativos 🙂


Ojalá me escribas contando que este post te ha servido para rememorar grandes momentos de tu niñez en los que tu imaginación tomaba el mando. ¿Cuáles fueron los juguetes protagonistas?

Yo ya he compartido la lista de juguetes que marcaron mi infancia. ¡Ahora quiero conocer la tuya!

Un abrazo,

Beatriz


Si te ha gustado el post te animo a que lo compartas en las redes sociales para que llegue a más gente. ¡Te lo agradeceré enormemente!

Sobre Beatriz

Beatriz GM

Después de haber trabajado durante unos años como ingeniera en Alemania, emprendí un viaje que me cambió la vida: me fui a recorrer Sudamérica sola con una mochila. Allí descubrí algunos talleres de artesanía local y conviví con artesanos. Ahora me he propuesto ayudar a profesionales de la artesanía a hacer sus artesanías, sus técnicas y sus historias visibles en internet. ¿Seguimos en contacto en las redes? Facebook | Pinterest | Youtube

Comentarios 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *